- AÑO - 1935 -

   

AÑO - 1935 - 

 

La historia nos recuerda hechos que creíamos olvidados; en esta época de la república, ocurrían conflictos que sin ser semejantes a los de ahora, porque las comparaciones no son exactamente semejantes, ya, los españoles sufrían en sus carnes, la misma crispación, la misma inseguridad política, muy parecida a la de ahora. 

La historia, a la que me voy a referir, es verídica, ocurrió en mi familia que, por aquel entonces vivía en Madrid. Mis abuelos y sus hijos vivían en la calle Fray Luis de León, en el mismo centro; convivían con ellos un hijo, que estaba estudiando en la Universidad Autónoma, y una hija soltera. El mayor de sus hijos era jefe de correos en Barcelona, pero murió de tuberculosis a los 23 años, siendo enterrado en Uclés provincia de Cuenca donde estaba destinado mi abuelo. El tercero de sus hijos, estaba en el ejercito en la ciudad de Sevilla (mi padre). Todos, y  sus hijos habían estudiado, excepto, su hija, ya que las mujeres entonces se dedicaban a sus - lo que llamaban sus labores -, aunque sus hermanos la habían enseñado todo lo que debería saber en: historia, matemáticas y literatura. Era una entusiasta de la poesía, sabía de memoria, las más conocidas de los poetas mas importantes, y también los poetas del pueblo que, sin ser importantes, recitaban por los pueblos, como músicos y malabaristas, que ganaban así su sustento.

No he dicho que mi abuelo era guardia civil, participo en la guerra de Cuba los cinco años que duró, después de permanecer en el hospital de la Habana, y regresó a España unos meses después. 

Pero la historia que os quiero contar, es la del hermano segundo de mi padre, aunque son tantas las historias de mi familia que valdrían para escribir una novela. Hipólito que así se llamaba, como he dicho, estudiaba en la universidad con becas, por su gran inteligencia; era: serio, elegante, siempre con sus libros bajo el brazo y su sombrero, quizá, aquella actitud suya de seriedad y respeto, le creó una animadversión entre los grupos falangistas que ya en aquel año de 1935, se dedicaban a demostrar que todo lo que no les gustaba les molestaba. Un día, no sé, si después de algunos de los mítines que daban o alguna borrachera, un grupo lo siguió, lo metieron en un portal y, le dieron tal paliza, con golpes en la cabeza con esas botas militares, que le dejaron inconsciente; los vecinos avisaron a mis abuelos, pero de aquello, no se recuperó y murió unos meses después.

Cuento esta historia, porque en este año, el golpe lo quisieron dar no solo parte del ejercito, sino también la falange; ya, José Antonio Primo de Rivera, había hablado con Franco, porque su nombre sonaba en todos aquellos círculos partidarios del golpe militar, pero Franco y su ejercito no se fiaban de él, por de la gran derrota que sufrió su padre en su golpe de estado, aunque consiguió que Alfonso XIII, dimitiera y se marchase de España, pero el golpe duro poco con la restauración de la segunda República. 

Las causas y las motivaciones no serán las mismas que vivimos ahora, pero a mí me las recuerdan, y recuerdo también, el ruido de sables de la Transición, el golpe de Tejero, y muchos que no llegaron a termino, porque el pueblo español, no querían, ni quieren, ningún conflicto que termine con nuestra Democracia, aunque, visto, lo visto, con los acuerdos de la derecha con la extrema derecha, me temo, qué, esto, puede ser posible.

Por eso cuento esta historia. Una familia, educada, con principios, y demostrando con los hechos de sus vidas, sus deberes para con la Patria, con miedo por la muerte de su hijo, se tuvieron que ir de Madrid a comenzar otra vez con su hija, en un pueblo pequeño llamado Tribaldos, en la provincia de Cuenca.

Mi familia, una familia modesta, como tantas otras, lucho sin saberlo por esta Democracia que logramos, y que ahora mismo me da miedo. otra vez perder. 

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